Peregrinos y caminos

El pasado Sábado me encargaron algunas imágenes en el camino del Rocío a Almonte. La información: "No hay precedentes en la historia de la Romería de un acontecimiento similar". A saber, yo que de tantas cosas que he cubierto, ya estoy mas que curado en salud de lo que puede pasar. 

 

La Hermandad de Triana salía de la aldea de El Rocío a las ocho y media de la mañana, decidí ir al primer punto donde podía acceder con el coche sin meterlo por las arenas. Mi coche, único que tengo, deportivo de pobre y con años, quiero cuidarlo para sortear esta crisis. Pero viendo el tráfico decidí dejarlo en un punto anterior, así poder disfrutar de un paseo por el campo.

 

Bien bonito que estaba. Tiempo primaveral y verde derrochado con luces de media mañana. No podía pintar mejor, pensaba ir y volver andando, unas tres o cuatro horas, con casi seguro encuentro de amigos para tomar un botellín. El coche, aparcado justo al lado del bar, donde degustaría unas tapas para volver a casa comido. 

 

Escuché un Land Rover, por detrás, y una voz feliz de Villamanrique, "¿le acercamos?". Me pidieron una foto, ¿como no se la iba a hacer?, una hora de camino me quitaron. Pensé que el día era redondo, que si empezaba así, todo lo que viniera era bueno. Hasta un cigarrillo Winston me fumé invitado, y eso que yo no fumo casi nunca, solo por gusto, y lo estaba "a". 

 

Al llegar al punto por donde pasaba la Hermandad, empecé a encontrar a mucha gente, de las que hacia que no veía y a las de ahora, la verdad que me alegré. 

 

El tresiego de personas y personajes, parecía infinito, nunca imaginé una romería así, parecía Mayo: gente a caballo, en carro, burro, todo terrenos, andando... Y llegó el Simpecao.

Después de una media hora mas, viendo pasar y observar, me dispuse a andar en busca de algunas fotografías que necesitaba para el trabajo. Y anduve, anduve, y anduve. El chaquetón de por la mañana para el fresquito me sobraba, el macuto pequeño por precaución de no llevar mucho peso también, y el botellín me faltaba. Todo estaba de mas, hasta ese sol que parecía de Mayo en Enero. Pero seguía andando. 

 

Pasadas dos horas o mas, se me hizo eterno, encontré a un compañero con coche. Pude montarme hasta casi el final del trayecto. A penas se podía conducir entre tanto carro y arena. En una parada de atascos, me bajé a ver, noté la caída de algo. Al montarme el teléfono había desaparecido, bajé a buscarlo, lo llamé, pero nada. Me colgaban. Claro, se lo quería quedar quien cabrón quisiera que fuera.

 

Había que dejar el coche a la entrada del pueblo, pensé, es entrar y salir. Si, seguro. Me despisté de mi amigo, cuando me di cuenta que sin teléfono estaba perdido. Uno de esos Iphones, que no te hace de riñón a veces por que aun no han sacado la "App" en el Itunes. Recordé que tiene un sistema de localización, así que pedí un Ipad. ¿Qué hacía una tablet de esas en el camino?. Sorpresa mi teléfono estaba andando delante de mi. Le mandé un mensaje de pérdida con instrucciones y un pitido de alarma. Iluso de mi.

 

Después de intentar entrar a la plaza, donde la Iglesia, la Virgen y el Siempecao, llegué a la conclusión que entre las miles de personas que estaban, yo había peregrinado mas que la mayoría, y que era hora, oscureciendo, de buscar a mi amigo el del coche, o a alguien que me llevara, puesto que el mío estaba a kilómetros.

 

 

Decidí dar la vuelta, y después de intentar localizar mi teléfono en varias ocasiones con terminales de gente que encontraba, y jugar al perro y al gato, pensé que mejor dejarlo y volver al aparcamiento. Con mi compañero del coche ni contaba, solo quedaba que alguien de vuelta pudiera llevarme. Nadie. Anduve, y anduve, y anduve. Pasaron muchos todo terrenos, coches de caballos, y hasta en burro, pero por un camino de noche, y un tío solo con un macutito y cara de cabreo...¿Quien iba a llevarme?. 

 

Las piernas me fallaban después de tantas horas caminando, y por falta de previsión, sin comer y a penas beber. Me acordaba del ambulante del camino,"¡oiga, cerveza, hielo, refrescos!". ¿Por que no lo paré?.

 

Hubo momentos a solas, que contemplé. La luna sobre el río (arriba). Y que algo en claro sacaría, eso si volvía vivo. Mi desesperación aumentaba, cuando de noche cerrada a penas distinguía el camino a seguir.

 

A lo lejos vi las hogueras, en la "pará", cerca de donde estaba el coche desde el principio, ese bar de la tapa, que ya ni hambre tenía. Dentro pregunté por un teléfono, y claro, no había, ¿para que sirve un teléfono público?.

 

A toro pasado, y agujetas en mis piernas, me río. Pero he sufrido, y ahora se, que perder el móvil en según que situación, te hace impotente como quedarte desnudo. Si no me lo hubieran robado, mi jornada habría acabado 4 horas antes y con cinco kilómetros menos. Lo innecesario de marcar números, hace que solo me acuerde, y con complicación, del teléfono de mi casa y algún que otro fijo de mi familia.

Recorrido visto por Icloud.
Recorrido visto por Icloud.

 

 

Al que se llevó mi Iphone: ¿Cuanto corre un ratón asustado?, hubiera dado cualquier cosa por verte veloz con el coche, creyendo que te seguía. 15 minutos de El Rocío a Sanlucar. ¿Y para qué? Si está bloqueado.  

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Aníbal González Pinto / info@anibalfotografo.com /+34 649215985